Imprimir en la nube pasa por un centro de datos.
Qué es un centro de datos, qué le pasa ahí a lo que vende el canal y cómo explicárselo al cliente sin rodeos.
Por Redacción IMAGIZY
Imagina la escena. Vendiste impresión en la nube a una empresa. El precio cerró, el gerente estaba contento, y entonces el contador preguntó: «¿y a dónde se va mi documento cuando le doy imprimir?». Silencio en la mesa. La respuesta corta es que se va a un centro de datos. La larga es la que vale la pena saberse, porque esa pregunta va a repetirse en cada venta de nube que hagas.
Detrás de cualquier servicio en la nube hay máquinas de verdad: computadoras grandes, discos y cables que guardan y mueven la información. Esas máquinas viven en edificios especializados: los centros de datos. Microsoft, por ejemplo, tiene más de 400 en el mundo, agrupados en regiones; una región es un grupo de centros de datos conectados entre sí por una red enorme y a prueba de fallas (Microsoft, 2026). Dentro de una región hay zonas separadas físicamente, cada una con su propia luz, su propio aire acondicionado y su propia red. Piensa en una cadena de bodegas refrigeradas: si a una se le va la luz, la mercancía sigue fría en la de al lado. Eso es lo que compra el cliente cuando compra nube: no un programa, sino un lugar con respaldo.
¿Y qué tan seguro es ese lugar? Conviene separar tres cosas que en la mesa suelen mezclarse: que el centro de datos no se apague, quién puede entrar al edificio, y quién puede leer los datos que viajan por su red.
La primera es el nivel de continuidad, y para medirla existe una escala de cuatro niveles que el Uptime Institute creó hace más de treinta años y que hoy es la referencia mundial, con más de 4,300 certificaciones en más de 120 países (Uptime Institute, 2026). El nivel uno es la capacidad básica: un solo camino para la luz y el enfriamiento, y el edificio tiene que apagarse por completo para darle mantenimiento. El nivel dos agrega equipos de reserva de luz y de enfriamiento, para dar mantenimiento con menos riesgo. El nivel tres tiene dos caminos para alimentar los servidores, de modo que se puede reparar o cambiar un equipo sin apagar nada. Y el nivel cuatro agrega tolerancia a fallas: si un equipo se descompone o un camino se interrumpe, la operación ni se entera.
La segunda es la seguridad física: quién entra. Para entrar a un centro de datos de Microsoft hay que pasar varios filtros, desde la reja del terreno hasta el piso donde están las máquinas, con lectura biométrica y detector de metales, y cuando un equipo llega al final de su vida sus discos se borran siguiendo la norma del gobierno de Estados Unidos para ese fin, o se destruyen.
La tercera es la seguridad de la información y de la red: quién puede leer los datos y cómo viajan. Esa capa se ve en el cifrado de todo lo que entra y sale, en que los datos de cada cliente se guardan separados de los de los demás y en las certificaciones internacionales de seguridad que el proveedor cumple, como la ISO 27001 (Microsoft, 2026). Las tres capas existen a la vez y un centro de datos serio las tiene todas. Cuando un cliente pregunta «¿es seguro?», la respuesta empieza por saber de cuál de las tres habla.
Cómo se conecta con nuestra industria. Casi todo lo que el canal vende hoy con la palabra «nube» cae en tres familias, y las tres terminan en un centro de datos.
La primera es el monitoreo de la flota: el servicio con el que el canal ve desde su oficina los contadores, el tóner y las alertas de los equipos del cliente. Lo que viaja a la nube ahí son datos de la máquina, no documentos. HP describía ya en su documento de seguridad de 2021 que su plataforma recoge niveles de tóner, contadores de páginas y registros de eventos, que no recoge contenido de documentos ni nombres de archivos, y que se aloja en servidores de Amazon en Estados Unidos (HP, 2021). Kyocera, en su documento técnico de 2020, manda contadores, tóner y registros, por defecto una vez al día, a un servicio alojado en Microsoft Azure, sin recoger información de los trabajos de impresión y sin que el cliente tenga que invertir en programas ni en infraestructura de red. Ricoh lo dice en una frase: su aparato de monitoreo «nunca adquiere datos que hayan sido escaneados o emitidos por los equipos» (Ricoh, 2026). Cuando el cliente pregunta «¿ustedes ven lo que imprimo?», la respuesta documentada es no: ven cuántas páginas, no cuáles.
La segunda es la impresión sin servidor local: el servidor de impresión que antes vivía en un rincón del cliente ahora vive en un centro de datos. Aquí hay dos diseños, y conviene saber cuál vendes. En uno, el documento nunca sale de la oficina: PaperCut explica que sus nodos en las computadoras del cliente solo mandan a la nube los datos del trabajo —cuántas páginas, quién imprimió, el nombre del documento— y que «el documento impreso en sí nunca se sube a la nube», salvo que el cliente active un componente opcional que viene apagado (PaperCut, 2026). Y Soft funciona igual con su puerta de enlace local: solo suben los datos elegidos del trabajo y el contenido «nunca sale de tus instalaciones». En el otro diseño, el documento sí sube: la solución de Xerox guarda el original y la versión imprimible en Azure, cifrados, y no los conserva más de tres días (Xerox, 2026); el servicio de Microsoft guarda el trabajo en una fila en la nube, lo da por perdido si nadie lo imprime en tres días y lo conserva hasta diez. Quocirca midió en 2025 dónde está el mercado, con una encuesta a 500 responsables de decisión a fines de 2024: 75 % de las organizaciones administra la impresión de forma híbrida, 4 % ya está por completo en la nube y 22 % sigue en sus propios servidores; en dos años esperan 16 % por completo en la nube (Quocirca, 2025).
La tercera es la captura y la gestión documental: los expedientes escaneados del cliente viven en la nube. DocuWare aloja documentos y metadatos en Microsoft Azure, cifrados, con varias copias, y su papelera permite recuperar lo borrado durante 30 días. M-Files, también sobre Azure, mantiene seis copias de los datos: tres en la región principal y tres en una secundaria a cientos de millas. Y aquí hay un dato que el canal de nuestra región debe tener presente: en el mapa oficial de DocuWare, los clientes de México, Brasil, Colombia, Argentina y Chile quedan asignados a los centros de datos de Iowa y Virginia, en Estados Unidos (DocuWare, 2022). Ninguna de las soluciones revisadas para esta pieza publica una región en América Latina.
Las tres familias tienen algo en común: alojan en un centro de datos, y es ahí donde tenemos que saber responder. Qué viaja (contadores, datos del trabajo o el documento completo), en qué país se guarda, cuántos días se queda y cómo va protegido. Por eso conviene tratar al multifuncional como una computadora más de la red: manda datos a la nube, recibe trabajos y entrega páginas, y el catálogo de seguridad del gobierno de Estados Unidos pide no olvidarlo cuando se revisan los puntos débiles de una red (NIST, 2020).
Qué hace el canal con esto. El canal vende el equipo y, con él, el monitoreo, la impresión o la gestión documental que lo acompañan en la nube. Eso lo pone del lado de las respuestas: la pregunta del contador ya no es del proveedor de nube, es tuya. Y la buena noticia es que casi todas esas respuestas están escritas; lo que falta es que el canal las tenga en la punta de la lengua. Dónde están los centros de datos en nuestra región ya lo contamos en agosto.
Qué hago yo con esto.
- Cuando el cliente pregunte a dónde se van sus documentos o los datos de sus equipos, contesta en una frase: «a un centro de datos, un edificio con respaldo de luz, aire y red, donde la información viaja y se guarda en clave». Si hace falta, la comparación de las bodegas refrigeradas hace el resto.
- Antes de la primera reunión, saca del documento de seguridad del proveedor tres datos por cada solución que vendas: qué viaja a la nube (solo contadores, solo los datos del trabajo o el documento completo), en qué país o región se guarda y cuántos días se queda. Son las preguntas que hace sistemas; con ellas resueltas, la venta no se detiene.
- Si el cliente es gobierno, banco o salud, pregunta tú primero por la región antes de cotizar: es una de las objeciones que más frenan una venta de nube. Y pregúntale al proveedor si aloja en nuestra región: de las soluciones revisadas aquí ninguna lo publica, y lo habitual es Estados Unidos o Europa.
- Cuando vendas monitoreo de flota, di desde el principio qué sale del equipo: contadores, tóner y alertas, no documentos. Dicho a tiempo, desactiva la objeción; callado, siembra desconfianza.
- Cuando vendas el equipo junto con la nube, di desde el principio que la impresora ya forma parte de esa misma conversación: llama a la nube, baja documentos y guarda información, y por eso sistemas la va a revisar como a cualquier computadora. Así el área de sistemas te ve como aliado, no como el que trae un aparato más.
Fabricantes mencionados: Microsoft · HP · Kyocera · Ricoh · Xerox